Tarsicios

Los Tarsicios son un grupo de niños adoradores. A estos niños se los llama tarsicios, en honor de san Tarsicio, un joven al que mataron durante el Imperio Romano, cuando llevaba la comunión a los cristianos que estaban en la cárcel.

Los ratos de oración están adaptados a su capacidad. Para prepararse, los más pequeños colorean algún dibujo sobre Jesús. Luego, van a la capilla, se sientan en una alfombra, y el sacerdote trae a Jesús en la Eucaristía y les ayuda a rezar. Aunque son tan pequeños, miran a Jesús en la custodia con unas caras que te enseñan cómo tenemos que mirarle todos. Están muy alegres, porque perciben Su presencia mejor que nosotros. Rezan diciendo cosas tan bonitas como ésta: ¡Jesús, yo te regalo mi corazón!».

Testimonios

«Antes de entrar en la capilla -cuenta Cristina-, preparamos una oración en un papel. Luego, el sacerdote nos enseña a Jesús, y nos cuenta que, para Dios, nada es imposible, y que, si le pedimos algo de corazón, nos ayuda a cumplirlo».

Cristina, de 9 años, y su hermana Carmen, de 7.

«A mí me cuesta un poco rezar así -añade Cristina-, porque estoy delante de todos y tengo que concentrarme. Luego, quien quiere lee su oración en voz alta. Yo siempre me animo. Le pido a Jesús por los enfermos, por los abuelitos, y por todo el mundo, para que todos los que no creen en Dios vean su luz y consigan amarle. Además, cuando estamos en silencio, le digo: Jesús, gracias por poder estar aquí, contigo, y le cuento lo feliz que estoy por haber hecho. este año la Primera Comunión».

No hay mejor catequesis que una Adoración en la que Jesús toca nuestros corazones directamente. Por eso, Cristina estaba muy bien preparada para recibirle por primera vez.

«He sentido -explica Cristina- que estaba más cerca de Él y aprendía más cosas. Él me estaba hablando, y yo le hablaba a Él a través del corazón. Sentía que nos abrazábamos, y que Él estaba conmigo y me protegía. Era una gran alegría».